Internacional

Máximo líder talibán celebra un fin de Ramadán en paz tras 43 años de guerra.

Hibatullah Akhundzada aseguró que el país está ”completamente libre de la invasión extranjera”

El máximo líder de los talibanes, el mulá Hibatullah Akhundzada, celebró este viernes que después de más de cuatro décadas de guerra ininterrumpida, Afganistán podrá disfrutar de un fin de Ramadán en paz tras la llegada el pasado agosto de los fundamentalistas al poder y la retirada de las tropas extranjeras.

En su tradicional mensaje con motivo del Eid-ul-Fitr, festividad que marcará el fin del Ramadán la semana que viene, Akhundzada subrayó que este año el evento será especial, porque tendrá lugar en un país “completamente libre de la invasión extranjera”.

“Después de 43 años, la larga y devastadora guerra finalmente ha terminado y ahora, bajo la protección del Gobierno islámico, se han sentando las bases para una vida pacífica y próspera en Afganistán”, subrayó el máximo líder de los talibanes en un comunicado.

Más de cuatro décadas de conflicto que comenzaron con la invasión soviética en 1979 y continuaron tras su retirada con una sangrienta guerra civil y la posterior invasión estadunidense entre 2001 y agosto de 2021, momento de la salida oficial extranjera del país.

Desde el regreso talibán al poder, Akhundzada aún no se ha dejado ver abiertamente en público en un acto oficial retransmitido a la nación, y sólo ha habido algún anuncio de las autoridades en el que se afirmó que se encuentra en la ciudad meridional de Kandahar, cuna de este movimiento islamista, donde dio algún discurso.

El reconocimiento de que el máximo líder talibán se encontraba en Kandahar fue un hecho inédito, pero sólo circulan unas pocas imágenes de él en la web, con barba larga y negra salpicada de canas, un aspecto que seguramente habrá cambiado.

En su habitual mensaje anual antes del Eid-ul-Fitr, el líder espiritual de los talibanes agradeció también los sacrificios durante esas décadas de guerra y remarcó que con un Afganistán en paz, “es hora de que todos los afganos se unan y trabajen por el desarrollo, la prosperidad y el bienestar de su país”.

Akhundzada recordó la amnistía general declarada, de la que se podían beneficiar las fuerzas de seguridad y funcionarios vinculados al anterior Gobierno afgano, aunque son numerosas las denuncias sobre represalias contra antiguos militares o policías.

También pidió el regreso clave de los afganos que abandonaron el país durante los años de guerra, además de los que se fueron por miedo a represalias, y solicitó inversiones extranjeras para la necesaria “reconstrucción del país” en un ambiente seguro.

“El Emirato Islámico de Afganistán (como se autodenomina el Gobierno talibán) quiere relaciones positivas con los países de la región y del resto del mundo. No permitiremos que nadie represente una amenaza para otros países desde Afganistán y también queremos el respeto mutuo de otros países”, subrayó, enfatizando su compromiso con el acuerdo de Doha firmado con Estados Unidos en 2020.

También recordó que el cultivo de amapola para la producción de opio “está estrictamente prohibido en Afganistán”, y pidió a la comunidad internacional que ayude a las autoridades afganas a buscar cultivos y fuentes de ingresos alternativas para los campesinos.

El líder espiritual remarcó además, fruto de las numerosas críticas que han limitado la ayuda internacional, que respetan “todos los derechos de hombres y mujeres de acuerdo con la sharía” o ley islámica, por lo que “nadie debería preocuparse”.

El nuevo régimen talibán, siguiendo los pasos del anterior entre 1996 y 2001, ha negado por ahora el acceso a la educación de las niñas de secundaria, y prohibido el regreso a sus puestos de trabajo de muchas mujeres, exceptuando sectores como los de la sanidad.