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Lobo marino, un turista más en el Caribe Mexicano

El lobo marino de California o león marino de California (Zalophus californianus) si bien no es una especie originaria del Caribe Mexicano, es posible verla en acuarios de esta zona, donde son de los más fotografiados; muchas veces confundidos con focas, aunque ellos tienen sus propias características distintivas, empezando por su forma de nadar.

En Quintana Roo, del 30 de mayo al 3 de junio se celebra la Semana del Lobo Marino, en busca de que la ciudadanía conozca más sobre ellos y se genere una concientización sobre el cuidado de sus ecosistemas. En México los ecosistemas de los lobos marinos se encuentran hacia la parte norte, en las Bajas (Baja California y Baja California Sur), ubicados en lugares como islas o pequeñas playas de asentamientos de lobos que se llaman loberas.

Los lobos marinos pueden pesar hasta 300 kilogramos, esto en el caso de los machos, mientras que en las hembras el promedio es de 150 kilos; es una especie de pelaje corto y grueso que se caracteriza por ser un animal muy simpático, lo que muchas veces los pone en riesgo, debido a que la gente se les acerca demasiado, sin respetar sus hábitats.

Se caracterizan por tener pabellón auricular externo, es decir, orejas que son visibles, aletas pectorales extremadamente largas y aletas pélvicas visiblemente más cortas, con uñas en la parte de atrás. Otra característica física que distingue a los lobos marinos es la manera en la que nadan: usualmente lo hacen con las aletas pectorales para poder impulsarse hacia adelante.

Un elemento distintivo de los lobos marinos es su sensible olfato, sentido que utilizan para diversas situaciones sociales, como el apareamiento o el reconocimiento de una madre a su cría. Se trata de animales carnívoros, generalmente se alimentan de diferentes tipos de pescado, en vida silvestre prácticamente el que encuentren en su camino, tanto pescado como creel e incluso pequeñas aves (no todos, pero sí se ha observado que algunos lo hacen), mientras que bajo cuidado humano tienen una dieta más concreta; habitualmente se les da calamares, capelines, arenques y pequeños moluscos.

Foto: Michael Bear

“Ellos tienen esa capacidad de adaptarse a cualquier tipo de clima, aquí realmente lo único que sí tienen es un área de descanso super amplia, porque 70 por ciento de la vida de los lobos es fuera del agua, descansando solamente para transportarse de un lugar a otro y para poder cazar”, explicó Paula Loman, coordinadora de educación ambiental en The Dolphin Company.

Detalló que la vida promedio de los lobos marinos es de 35 años, tanto en vida silvestre como bajo cuidado humano, aunque en vida silvestre la cifra suele reducirse, principalmente por factores humanos. “Desafortunadamente las principales amenazas a las que se enfrentan son los seres humanos, por la contaminación, destrucción de hábitats, redes fantasma e hilos de pesca. Y la mala interacción cuando están en sus loberas”, detalló la entrevistada.

En temas reproductivos, en vida silvestre aproximadamente hay un macho por cada 15 hembras, es decir, un solo macho va copulando con cada una de las hembras de su zona; mientras que bajo cuidado humano no hay mayor competencia, por lo que solamente se evita que sean consanguíneos y se les permite la reproducción normal: “nosotros no metemos absolutamente mano en la parte de la reproducción”, que es de una cría por hembra y su embarazo es de un año.

En las instalaciones de Dolphin Discovery en Quintana Roo, explicó, se encuentran algunos Zalophus californianus, así como el lobo marino sudamericano (Otaria flavescens). Ninguno se encuentra en peligro de extinción y se han adaptado adecuadamente a los hábitats en los que los mantienen, aunado a que prácticamente todos nacieron en estos espacios, sumando un total de 40 lobos marinos.

En el mundo hay un total de siete especies de lobos marinos identificadas, que poseen características muy parecidas entre sí, que por lo general son negros de jóvenes y conforme avanzan hacia la madurez alcanzan una tonalidad pardo oscuras.

Foto: Cricket Raspet

Además del lobo de California y el de América del Sur, las otras especies de lobos marinos son: lobo marinos de Steller (Eumetopias jubatus), australianos (Neophoca cinérea), de Galápagos (Arctocephalus galapagoensis), de Nueva Zelanda (Arctocephalus forsteri), y el lobo marino japonés (Zalophus japonicus); desafortunadamente el último de estos ya se extinguió.

De allí que los especialistas han hecho énfasis en la necesidad de proteger a todas las especies cuando aún están a salvo, para evitar poner a más animales en riesgo de extinción, ya sea que estén en vida silvestre o bajo cuidado humano.

“Mi recomendación principal es que si alguien hará interacción con lobos marinos (en los hábitats bajo cuidado humano) hay que escuchar a las personas a cargo, a lo que nos comentan los especialistas, para convivir de forma más segura, que se sientan a gusto con nosotros y nosotros con ellos. Estos lugares son seguros para estar cerca de las especies porque nacieron con nosotros y nos conocen”, afirmó la especialista.

Pero lo que más preocupa o lo que consideró como un mensaje más importante es qué hacer cuando se les observa en vida silvestre, como en los tours que realizan hacia las “loberas” en el norte del país y en donde sí urge mayor reflexión del tema.

“Como se ven tan simpáticos, son muy bonitos, la gente cree que no tienen dientes o que se pueden acercar a ellos y que no va a pasar nada o que sólo están jugando y luego no respetan las áreas donde ellos están. Sería una llamada de atención y no sólo con los lobos marinos, sino con todas las especies que hay, sobre todo aquí en Quintana Roo que de repente podemos encontrar manatíes, tortugas, delfines… que la gente les dé el espacio (su espacio), que pueden (solamente) observar, porque es la manera más segura de interactuar con las especies”, exhortó.

Información de la Jornada Maya.