Lo que parecía un pedido normal terminó en un episodio digno de una película de terror en Kinchil. Un comerciante de tacos relató en redes sociales cómo recibió un pedido a través de inbox, con indicaciones claras: entregar la comida en el cementerio.
Sin dudarlo, el repartidor emprendió camino, suponiendo que habría alguna reunión o evento en el lugar. Al llegar, preguntó a las personas en la zona, pero nadie reconoció haber hecho el encargo. Lo más escalofriante llegó después: el perfil de quien hizo el pedido simplemente desapareció de las redes sociales.
“Nos hicieron la broma de nuestras vidas”, comentó el afectado, quien lamentó la pérdida del producto y el esfuerzo invertido en cumplir con la entrega.
El caso ha generado reacciones divididas en redes sociales: algunos ven el lado humorístico, mientras que otros critican la falta de respeto, pérdida de tiempo y hasta empatía hacia los comerciantes.
¿Tú qué opinas? ¿Broma pesada o mensaje de ultratumba?

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