Bajo el mando decidido de Erik Rihani González, Progreso está comenzando a renacer como un destino de turismo regenerativo, donde la playa ya no es solo arena, sino promesa de futuro, salud ambiental y riqueza económica compartida.
El alcalde no se conforma con promesas: ha convertido la limpieza de playas y manglares en prioridad municipal, sumando voluntades, esfuerzo ciudadano y coordinación institucional para revertir el deterioro que amenazaba el litoral.  En cada jornada —ya sea con empresas, ciudadanos, colectivos ambientales— se retiran toneladas de residuos, se limpian costas, se recuperan zonas degradadas. 
Pero el turismo regenerativo va más allá del simple “limpiar”: para Rihani limpiar ecosistemas, certificar playas, educar ciudadanos, preservar la flora y la fauna costera significa elevar la marca de Progreso. Con el izamiento persistente de la bandera Blue Flag en los malecones Tradicional e Internacional, Progreso demuestra que quiere compaginar belleza, seguridad, servicios y calidad ambiental, no solo para visitantes, sino para sus propios habitantes. 

En los días vacacionales, cuando la afluencia de turistas es mayor, el municipio redobla acciones: brigadas ambientales, operativos de limpieza, retiro de residuos sólidos, monitoreo de playas. Estas medidas permiten que quienes lleguen al puerto encuentren playas limpias, ordenadas y dignas; y además contribuyen a que Progreso se vea no solo como destino de paso, sino como un referente de turismo sostenible. 
La incidencia del alcalde se siente en cifras concretas: se retiran decenas, hasta cientos, de toneladas de basura cada semana en zonas costeras, se mejora la calidad del agua, se promueve la educación ambiental. Todo ello forma parte de una estrategia municipal llamada “100xProgreso”, donde la limpieza de playas y la sustentabilidad son ejes claros. 
Progreso ya no sólo busca turistas que disfruten del mar; busca turistas y ciudadanos que sepan que ese mar está protegido, que la arena está limpia, que las aves, los manglares y la flora costera no son un decorado, sino patrimonio vivo. Y si Erik Rihani logra mantener este ritmo, el turismo regenerativo podría convertirse en la joya ambiental y económica del municipio.



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