Las células del cuerpo de Ana Ruiz parecen no estar constituidas por mitocondrias, lisosomas o ribosomas. Quizá, lo que abunda en ellas son blancas, negras, corcheas… notas, ritmos, armonías… un laboratorio compuesto por sonidos y silencios.
Valga esta explicación figurada para describir a quien no vive la música; ella lo es. Antes de pasar al piano acústico, aprendió con uno mudo. Creció en un entorno muy musical. Su abuela, pianista que estuvo casada con el célebre compositor Carlos Chávez, la introdujo desde temprana edad. Ingresó al Conservatorio Nacional de Música para formarse de pianista clásica, pero ella se rebeló a las estructuras rígidas de la academia.
Decidió por la libertad y viajar por las constelaciones poliacústicas del free jazz y la improvisación, en un tiempo –hace 50 años– en el que las mujeres enfrentaban enormes barreras para destacar como instrumentistas, tal cual lo describió el crítico y escritor David Cortés, quien para homenajearla le propuso realizar un concierto a piano solo que terminó por ser una residencia de cuatro presentaciones en el Multiforo Cultural Alicia llamada 50 años de experimentalismo.
Ana y algunos de sus amigos realizarán una serie de shows con una propuesta con concepto. Ejecutantes con las mismas emociones, con gente que ha sido parte de mi vida, manifiesta.
Ana es reconocida por ser una revolucionaria que se permitió patear traseros misóginos y barreras conservadoras para convertirse en ejecutante en un tiempo en el que, si bien la mujer podía estar en la música, era sólo para cantar. A Ana se le ocurrió dedicarse al free jazz, visto en ese tiempo como música de otro mundo, influida tras conocer a Henry West, quien fue al Conservatorio para buscar estudiantes e integrar un grupo de improvisación o jazz.
Las mujeres no somos suavecitas, somos fuertes y cabronas, pretexto de sus shows, que también considera, son un homenaje para las mujeres en la música.
Recuerda que cuando comenzó “sólo estaba Olivia Revueltas y otras cantantes, pero no había ejecutantes que se sentaran frente al piano. Eran las que estaban atrás del jefe de la orquesta, que les decía: ‘ahora cantas tal y te vistes así’. Pero en este tiempo han surgido tantas ejecutantes, que eso es en sí un homenaje”.
Admite que ella tuvo que luchar en una época en la que “la mujer era muy maltratada. Tenía que estar en contra de todo, incluidos mis padres, porque (seguro dijeron) ‘pinche loca, cómo está haciendo eso si la enviamos al Conservatorio’. Siempre tuve la necesidad de ser libre, responsable de mí misma, de mis pensamientos… Eso es ser libre, como lo es amar, primero a ti, claro. Tuve que luchar por romper barreras. Quitar metaprogramas que me dieron desde pequeña”.
Otro de los combos que Ana formó junto con West fue Atrás del Cosmos, grupo que con el paso del tiempo adquirió un carácter mítico. El nombre está inspirado en su lugar de vivienda; es decir, atrás de lo que era el cine Cosmos (hoy FARO Cosmos). El grupo, que en su mayor apogeo incluyó hasta 12 miembros, improvisaba guiado por la interacción intuitiva y de exploración de sus ejecutantes. Además de Atrás del Cosmos, Ana Ruiz y Henry West, con la colaboración del baterista Robert Mann, formaron un power trío. También creó La Cocina, que se reunirá para esta residencia con sus miembros originales; Radnectary, La Sociedad Acústica de Capital Variable, entre otros, así como la actual, Kóryma, combo explosivo.


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