Una atmósfera de miedo e incertidumbre envuelve a los vecinos del Centro Histórico de Mérida, luego de que la Fiscalía General de la República (FGR) y la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) realizaron excavaciones en un predio ubicado en la calle 57, número 547, entre 66 y 68, donde se presume fue hallada una fosa clandestina. El operativo federal se extendió durante dos días consecutivos, viernes y sábado pasados, sin vehículos forenses visibles y con total hermetismo, lo que despertó sospechas inmediatas en el vecindario. Las herramientas empleadas, como picos y palas, fueron el primer indicio de que se trataba de algo más que una simple inspección.
Al concluir la diligencia, el inmueble fue asegurado por la FGR bajo la carpeta de investigación FED/FEMDH/FEIDDF-YUC/0000031/2025. Esta misma investigación ya había motivado un cateo anterior en el predio número 545, también en el centro de la ciudad, el pasado 8 de marzo. En aquella ocasión, la propiedad pertenecía al exmagistrado federal David Barredo Villanueva, destituido en 2019 por el Consejo de la Judicatura Federal tras acusaciones de corrupción. Durante ese primer cateo fue detenido uno de sus sobrinos, Ayrraé Alfonso B. V., acusado de secuestro y desaparición forzada. Hasta el año 2022, según registros oficiales, este joven se desempeñaba como auxiliar en el Poder Judicial local, aunque no había concluido sus estudios de derecho.

La versión sobre la existencia de una fosa clandestina fue alimentada por testimonios de vecinos del tradicional barrio de Santiago, quienes presenciaron el ingreso de personal federal con herramientas de excavación. Se menciona de forma extraoficial que restos humanos fueron retirados del lugar, lo que derivó en la solicitud de binomios caninos de la Secretaría de Seguridad Pública para continuar con la búsqueda en el interior del predio. Sin embargo, la ausencia del Servicio Médico Forense durante la diligencia genera aún más incertidumbre sobre lo que realmente ocurrió en el interior del domicilio.

Hasta el momento, las autoridades no han informado quién es el propietario actual del inmueble número 547, lo que aumenta el desconcierto entre los residentes de la zona. Algunos aseguran que la casa llevaba años cerrada, otros señalan que era visitada por personas de forma esporádica, pero sin mayor movimiento aparente. La posibilidad de que la investigación se extienda a casas vecinas mantiene al barrio entero en vilo. La tranquilidad característica del corazón de Mérida se ha visto quebrantada por una historia que mezcla corrupción, desapariciones y el hallazgo de lo que podría ser una tumba clandestina en una de sus calles más transitadas. La investigación sigue abierta y promete nuevos capítulos en los próximos días.



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